ERASMUS+: “The memory chest”, (2018-1-ES01-KA229-050325_1)

From lost to the river

erasmusEl proyecto “The memory chest”, coordinado por el IES Pintor Juan Lara ha sido seleccionado en la convocatoria de la Comisión Europea de los programas  ERASMUS+ de 2018. En el proyecto participa, además de nuestro instituto, el Niftarlake College, de Utrecht, en Holanda.

Es la primera vez que lideramos un proyecto de esta dimensiones bajo el auspicio de los programas Erasmus +, si bien ya hemos participado anteriormente en los programas KA 101 y hemos organizado intercambios con anterioridad.

Nuestro proyecto se centra en la preservación de los recuerdos personales y su impacto en la construcción del patrimonio cultural. Va a ser una aventura ilusionante que implicará a todos en nuestro instituto y que tendrá como punto fuerte el viaje a Utrecht, así como la visita de nuestros colegas holandeses, ambas actividades se desarrollarán durante el mes de marzo de 2019

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Inmersión lingüística: definición

From lost to the river

Cada vez que escribo en este blog sobre Dublín lo hago un poco en contra del espíritu del mismo, pero bueno, siempre hay excepciones. Bien, como dije en entradas anteriores, no estoy en Dublín atendiendo a una movilidad KA1, se trata, en mi caso, de una inmersión lingüística de las llevadas a cabo este curso por la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía.

Eso quiere decir que he ido a clase. He ahí las pruebas fotográficas: un servidor con sus profes Sahand y Dara acompañado por una pandilla de profes de primaria y secundaria de toda Andalucía además de algunos compis brasileños y una alemana.

Inmersión quiere decir, literalmente, que has de sumergirte en la vida y la lengua de ese país al que vas, lo cual supone no sólo clases de refresco del nivel en el que se supone que te hallas (C1 en mi caso) sino…

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Belfast for beginners

From lost to the river

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Ahí está el tío, en Shankill Road, Belfast, delante del llamado “Muro de la Paz” un eufemismo como cualquier otro para referirse a un muro que no debería existir.

Para mí, Belfast es Sean Duffy, el detective católico miembro del RUC, personaje de las novelas de Adrian McKinty; Belfast es la serie The Fall, con Gillian Anderson como detective persiguiendo a un asesino en serie por sus calles; y, por supuesto, como para cualquiera interesado en la Historia contemporánea, Belfast es The Troubles.

Muy despistado o muy decididamente ignorante tiene que ser alguien nacido, como yo, a mediados de los años sesenta del siglo XX, como para desconocer por completo el conflicto del Ulster o de Irlanda del Norte. Un conflicto en el que muchos vieron un paralelismo clarísimo (yo no lo veo) con el terrorismo de ETA. No voy a…

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Las huellas de la Historia

Caminando desde la Fontana del Acqua Paola hacia el Trastévere, justo en el muro trasero de la iglesia de San Pietro in Montorio pudimos apreciar esta placa

Un recordatorio de la unificación italiana, un proyectil francés de 140, que impactó en la iglesia durante el bombardero de 1849. Me sirve este recordatorio para llamar la atención sobre la pedagogía que encierran algunas de estas placas que, por lo general, pasamos por alto e ignoramos al pasear por las calles. Olvidamos que pisamos escenarios de la Historia, espacios que antes fueron ocupados por esos mismos personajes que recuperamos en los libros. Sus huellas están ahí, junto a nosotros, aparentemente imperceptibles. No las ignoremos

La historia viene a clase

Hoy en clase hemos vivido uno de esos momentos en que la Historia viene a verte a clase; gracias a Albane Pérez Boiget, de #4ESOA, hemos conocido la aventura de su tío abuelo Maurice, un joven de Boston que se alistó en las fuerzas armadas de los EE UU con la idea de cumplir su contrato y poder ir a la universidad. Una historia normal y corriente, casi; una historia que se sigue repitiendo, una historia que, debido al encarecimiento de los estudios universitarios en casi todo el mundo desarrollado, ha transcendido fronteras y Agra se repite en muchísimos países. Sin embargo, la vida no sigue un curso recto y ,a veces, sus meandros nos llevan a lugares insospechados. Maurice se vio sorprendido por la entrada de EE UU en la II GM y, como consecuencia, tuvo que ir al frente. Participó en dos de las batallas más arduas de este conflicto: batalla de Montecassino paracaidista, en la Operación Overlord, la que todos conocemos como el desembarco de Normandía.

La guerra no pasa por tu vida sin dejar secuelas, la guerra es una experiencia que deja profundas huellas. Vivir dos experiencias tan brutales como Montecassino y Normandía debió marcar para siempre a Maurice, que sufrió un trauma importante en la guerra que le llevó a no querer compartir sus recuerdos con su familia.

Hoy hemos visto el amor que pone su familia en conservar reliquias como el paracaídas o esas fotos en las que vemos a un Maurice de escasos veinte años luciendo sus galones de sargento… El río de la vida llevó a Maurice a casarse con una muchacha francesa; Maurice conoció el amor en el país que ayudó a liberar de los nazis. Su novia quería usar la seda del paracaídas como tela para su vestido de novia. Nadie ha vestido ese paracaídas en la familia de Maurice. Esa reliquia se conserva, con mucho amor, por parte de su familia.

El mismo río de la vida traería a Maurice a su último destino dentro de las fuerzas armadas de EE UU: Rota, donde echaría raíces. Hoy su sobrina nieta, Albane ha honrado maravillosamente su memoria y todos en clase, gracias a Albane y a su familia, han conocido los duros tiempos que le tocaron vivir a jóvenes cono Maurice.

Nunca podré acceder suficientemente a Albane y su familia cedernos, tan amablemente, estos recuerdos tan valiosos

De la Historia y su enseñanza

¿Por qué enseño Historia? Esa es la pregunta que me asalta a diario. Se me ocurre una respuesta simple: para no vivir atrapado en el tiempo, como Bill Murray en esa estupenda película de 1993.

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Sin embargo, todos sabemos que no es la respuesta adecuada, conocer la Historia no nos libra de vivir atrapados en el tiempo, de hecho, aunque nos aporta las enseñanzas suficientes como para no volver a cometer los mismos errores una y otra vez, esa no deja de ser nuestra actitud vital.

Enseñamos a nuestros descendientes la historia propia y la de otros pueblos para hacerlos conscientes de que son parte de la gran corriente de la historia humana, de un proceso que se inició hace miles de años y por el que han transitado pueblos y civilizaciones distintos a los nuestros.

Como dijo Eric Hobsbawm (reverencia, por favor) sobre el conocimiento del pasado éste es la clave del “código genético por el cual cada generación reproduce sus sucesores y ordena sus relaciones. De ahí la significación de lo viejo, que representa la sabiduría no sólo en términos de una larga experiencia acumulada, sino la memoria de cómo eran las cosas, cómo fueron hechas y, por lo tanto, de cómo deberían hacerse”.

Decía antes que se trata de no vivir atrapados en el tiempo, por ello es necesario hacernos conscientes de nuestra historicidad: las vidas de los seres humanos se desarrollan  en el tiempo, en el tiempo tienen lugar los acontecimientos y los sucesos, en el tiempo se construye la Historia; más o menos algo así afirmaba Charles Samaran. Individuos, grupos, generación tras generación, necesitan ubicarse en su tiempo, en nuestro/su presente, ese que, de modo inexorable ayudará construir su perspectiva del pasado y sus expectativas del futuro. La dimensión histórica, con su ineludible juego entre el presente, el pasado y el futuro, es el ámbito donde los seres humanos adquieren conciencia de la temporalidad y de las distintas formas en que ésta se manifiesta en los individuos y en los grupos con los que éste se vincula.

No conocer la Historia posibilita que, como decía George Orwell en 1984

Quien controla el presente controla el pasado y quien controla el pasado controlará el futuro

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“[…] Quien controla el pasado controlará el futuro” Stalin bien que lo sabía y, de hecho, a é se refería Orwell en su novela

El proceso histórico, además de desarrollarse en un contexto temporal, requiere de un contexto espacial. Tiempo y espacio son los dos ejes del acontecer histórico. Los sucesos históricos, ya fijados en el tiempo, tienen que ser ubicados en el lugar donde ocurren, deben ser registrados en una geografía precisa. Cualquier persona que se acerca al pasado, y con más razón el historiador, está obligada a conocer la geografía del lugar donde ocurrieron los hechos y a dar cuenta de las características de ese espacio. De ahí, que, por lo general, nuestra asignatura, en la enseñanza secundaria se denomine Geografía e Historia

El conocimiento de la Historia, sobre todo, destaca la naturaleza social de los seres humanos, nos acerca a la construcciones físicas y sociales que contribuyeron a soldar los lazos sociales: la lengua, los rasgos étnicos, el territorio, las relaciones familiares, la organización política… Como dice Enrique Florescano “la historia es el saber que da cuenta de las raíces profundas que sostienen las sociedades, las naciones y las culturas y, asimismo, es la disciplina que esclarece el pasado de los individuos: es el saber que desvela las raíces sociales del ser humano”

Hasta ahora he citado autores con los que me identifico o cuyo pensamiento suscribo en buena medida, pero ¿y yo mismo? ¿qué digo yo sobre esta materia, sobre su enseñanza, sobre su desconocimiento? Momentos tensos de nuestra historia, como los que hemos vivido en este último trimestre de 2017, nos ayudan a percatarnos de la importancia de la historia y de su enseñanza, de la necesidad de ir hacia la objetividad en el conocimiento histórico (utopía) y, sobre todo, del peligro que supone su manipulación en manos de políticos y personajes de toda jaez , una manipulación que pervierte su conocimiento y que, sobre todo, sólo sirve para provocar el enfrentamiento y avivar la llama del fascismo.

[Para la redacción de este texto me he basado en el artículo “Para qué enseñar la Historia” de Enrique Florescano]